02 | 10 | 2014
4. Respecto a la investigación de imágenes sobre la ciencia Imprimir E-mail
Revista - 02
Martes, 08 de Septiembre de 2009 15:30

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Respecto a la investigación de imágenes sobre la ciencia[1]

Julián Betancourt M.

Director del Museo de la Ciencia y el Juego

En el número 1 de Museo lúdica se publicó la primera parte de estas Anotaciones, aquí continuamos con el caso de los dos periódicos que veníamos trabajando: El Tiempo y El Espectador. 

Hasta la década de los 70 nuestros periódicos consistían en un cuadernillo, los domingos además del cuadernillo principal llegaban las aventuras y el magazín literario. En el cuadernillo se trataban todos los temas: editoriales, políticos, judiciales, deportivos, culturales, sociales, etc. En la década mencionada los periódicos norteamericanos reformaron su estructura e introdujeron las llamadas secciones especializadas que constituirían el núcleo básico de nuevos cuadernillos. Este modelo involucra un alto porcentaje de publicidad con el fin de cubrir los costos representados en el personal especializado, necesario para poder sostener las secciones, y en mayor paginaje. Esta forma de estructurar los periódicos fue seguida en Colombia, siendo el Tiempo un buen ejemplo del modelo. En 1998 los dos periódicos se conformaron de 4 o más cuadernillos. En nuestro medio las secciones dedicadas a la ciencia apenas son una fracción de los cuadernillos. 

Al mirar los titulares de las secciones de ciencia de nuestros periódicos de circulación nacional de las últimas 5 semanas, lo primero que salta a la vista es la diferencia en el número de titulares, El Espectador 17 y El Tiempo 30. En las semanas cubiertas, se encontró que El Espectador dedica una página y El Tiempo 3.4 páginas en promedio a las secciones de la ciencia. Al descontar la publicidad     que aparece en ellas se obtuvo 0.86 páginas efectivas para el Espectador y 1.6 páginas efectivas para el Tiempo dedicadas a la información científica[2]. La explicación del número mayor de titulares es simple: el espacio dedicado a este tipo de información es mayor en El Tiempo. 

En mediciones anteriores se habían encontrado que los dos periódicos destinaban prácticamente el mismo espacio para la información científica, sin embargo El Espectador ha venido disminuyendo sensiblemente la información sobre estos temas, hasta el punto de dedicar solo un cuarto de página a ellos en la actualidad. Este proceso es muy preocupante y no se compadece con la actitud positiva que sobre la ciencia ha tenido tradicionalmente El Espectador. 

De los 17 titulares de El Espectador, 10 son realizados en el país (59%) y el 7 en el extranjero. Para El Tiempo estos números son 10 nacionales (33%) y 20 extranjeros. En otra parte habíamos anotado que: 

La diferencia, que parece intranscendente, entre realizar localmente un artículo o una noticia sobre algún aspecto científico de nivel internacional o de publicar la noticia emanada de fuentes periodísticas extranjeras, conduce a construir sensibilidades distintas. En el primer caso el lector puede construir sensibilidades que favorecen una mayor valoración nacional en estos asuntos. En el segundo se reforzaría el imaginario de que somos muy limitados para los aspectos relacionados con la ciencia. Como esto ese reitera con relativa frecuencia, por esa simple vía se van construyendo sensibilidades negativas hacia las posibilidades de nuestro hacer en la ciencia. Se puede argumentar que las noticias al respecto se producen en el hemisferio norte. Sin embargo, al mirar un poco más en detalle se observa que estos artículos han sido elaborados por comunicadores extranjeros con base en artículos publicados por revistas científicas como Nature y Science, artículos que no se pueden considerar exactamente como noticia en la medida en que cuando ven la luz pública, las investigaciones que los causaron habían culminado meses atrás o están en otra fase de desarrollo.[3]  

En los dos periódicos aparecen temas cuya extensión puede ser larga o mediana y notas cortas. El tiempo trae dos tipos de notas cortas denominadas Atómicas y E=mc2,  en Atómicas se reseña o informa sobre eventos generalmente de tipo académico organizados por universidades y/o asociaciones profesionales y científicas, no tienen un título en sí y son más cortas que las notas E=mc2. estas últimas presentan variados temas: crecimiento (Medicina); Mozart y las ratas (psicología del comportamiento); Gusanos y viejitos (Genética); La faja milagrosa (sexualidad, una faja para el pene que supuestamente es más efectiva que el viagra); Árboles en probeta (Biotecnología). Todas estas notas son de fuente extranjera y no aparecen regularmente en la sección de ciencia.  

Caso parecido sucede con las notas cortas de El Espectador, denominadas Breves, son más irregulares que las de El Tiempo y sus fuentes son del extranjero: Dinosaurios en México (Paleontología); Dinosaurios en España (Paleontología), texto de antes de Cristo (lingüística). Tanto El Tiempo como El Espectador presentan notas más extensas sobre eventos nacionales e internacionales que por variadas razones (¿?) la redacción de los periódicos ha juzgado que amerita mayor extensión que una nota corta (El Espectador no tiene notas cortas similares a Atómicas). Ejemplo de ellas son: Conocimiento propio, convención científica, Tortícolis colectiva (El Espectador). En El Tiempo encontramos las siguientes: Congreso Iberoamericano de astronomía; ser científico es un estado de ánimo; Investigadores sobre la lupa. 

El Espectador parece resaltar más el papel de los investigadores colombianos que ganaron premios de ciencias, de ellos tres fueron dedicados a mujeres; El Tiempo sólo presentó un artículo de este tipo a un premio ganado por mujeres. Los restantes artículos o notas se distribuyen en temas como genética y paleontología, además de una controversia suscitada por el Papa (caso El Espectador). En el Tiempo los temas se reparten entre genética, medicina, astronomía, paleontología y curiosidades. 

La pregunta que se viene a la mente es cómo hace el periodista para que algo sea noticia fuera de aquello que forzosamente lo es: una catástrofe, la muerte del Papa, el “affair”de un personaje internacional (caso Clinton), por ejemplo.  

Es común que no comunidades científico-académicas muestren una relativa desconfianza frente a los medios masivos de comunicación. Esta se basa en gran medida en que lo que es relevante y novedoso para aquellas, en general no lo es para ellos. Esa diferencia de percepción de lo que es y no es noticia, en parte radica en la naturaleza distinta del trabajo científico y comunicativo, y en la mutua incomprensión de esa diferencia. En general el científico le achaca al comunicador que no entendió de qué se trataba, que lo tergiversó, que obró de acuerdo a sus intereses, en fin que el comunicador es ignorante y con intenciones no siempre claras. 

Investigaciones sobre cómo se produce una noticia (newsmaking) y la “noticiabilidad” de un suceso, de un acontecimiento[4]  han encontrado que influye más las formas de producción y de su organización del trabajo de tal forma que el comunicador está sometido a un engranaje de la empresa y de la profesión que marca lo que se va a convertir en noticia, los posibles enfoques, dando como resultado una distorsión involuntaria de la noticia científica. Esto implica porque la sección de ciencia de El Espectador es a veces “viajera”. O porque no aparece a veces, ocurre rara ves, la correspondiente sección de ciencia de El Tiempo y otras particularidades que se encuentran cuando uno explora los titulares arriba mencionados. Aún así es difícil entender la racionalidad de escoger entre un artículo de paleontología y otro de astronomía, aquí puede jugar el gusto del periodista, con el de que el artículo x cubre el espacio requerido para cerrar la sección. 

Si se mira el lenguaje narrativo de los artículos, éste es por lo general de tipo discursivo que pretende aclarar o explicar algún concepto, descubrimiento o invento. El artículo periodístico no va más allá de esto. El lector no se entera de las implicaciones sociales, políticas y económicas de la actividad científica. Tampoco aparecen reflexiones sobre la estructura de la ciencia. No es casual que existan columnas dedicadas a la crítica del arte, teatro, literatura, política, deportes, pero o exista una columna de crítica científica[5]. El periodista político o judicial por ejemplo, trata de confirmar la historia que dará lugar a una noticia, el periodista científico confía plenamente en la conferencia de prensa o en el reporte de prensa de una institución científica. Detrás de todo esto está el imaginario de la autoridad incontrovertible y de la ciencia como una actividad no apta para personas comunes.

Voy a ilustrar con imágenes algunos de los imaginarios de la ciencia y la tecnología que se encuentran en nuestra prensa. 

En la figura No. 1 aparecen ejemplares de la carátula de los Monos de El Espectador. Allí vemos a un niño vestido con una bata blanca, de cabellos desarreglados, es un gafufo y tiene a su lado algunos instrumentos usados en la ciencia. Si se mira bien es la imagen de un nerd, palabra con la que se estigmatiza a un estudiante que le gusta estudiar. La ilustración tiene un mensaje encerrado, los científicos son “nerds” adultos. La primera carátula es de hace unos 8 años, si miramos esta otra, de la misma revista pero de este año observamos que ese imaginario sigue con gran fuerza, pero tiene un elemento nuevo: tiene radioactividad que aparece en el overol puede ser interpretado como destructivo, el personaje presenta posiblemente intenciones malignas, de poder y control sobre la naturaleza y la humanidad (obsérvese que está parado sobre el mundo). En definitiva es un loco peligroso, basta mirar su cara. La imagen del científico nerd no sólo se da en nuestro país; la figura No. 1 muestra una ilustración del Journal of Chemical Eucation y como ven la situación es similar.    

En la figura No.2 se observa una publicidad en donde Uds., reconocen a uno de nuestros más reconocidos científicos: Manuel Elkin Patarroyo. 

En general, cuando un científico recurre frecuentemente a los medios lo hace con el fin de encontrar apoyo social amplio para su programa de investigación. Fue un proceso que se dio en la década pasada en estados unidos cuando diferentes programas de investigación competían por los fondos financieros de tal forma que debían hacerse visibles a nivel nacional a través de los medios, considerándose ésta una estrategia básica. Además la idea de ciencia y progreso fue cuestionada y la comunidad científica tuvo que enfrentar críticas y controversias, internas y externas, de carácter social y ético, lo que se llevó a que la consecución de fondos involucró un complejo proceso de persuasión de las bondades del programa en cuestión y de negociación.  

La puesta en escena es interesante: el ámbito es el de un laboratorio de investigación, allí aparecen aparatos e instrumentos. Varios científicos, mujeres y hombres, con las típicas batas blancas que nos recuerdan que estamos en otro mundo. Junto a ellos aparece un hombre en mangas de camisa y sonriente. El Dr. Patarroyo es un hombre de éxito. Ellos, los científicos, son sus colaboradores, sus subalternos. 

La imagen que muestra la figura No 2 es un caso interesante que tiene que ver con el papel que empieza a desempañar un científico cuya celebridad rebasa las fronteras de la comunidad científica, convirtiéndose en una personalidad nacional y si es el caso, en internacional. El científico en su papel de personalidad será invitado a múltiples eventos, casi ninguno científico, con el fin de contribuir a la brillantez del evento. Será entrevistado y necesariamente se le preguntará sobre lo divino y lo humano y se verá obligado a opinar sobre ello. El papel de personalidad le permite acceder a información y a fuentes de financiación que como simple científico no lo hubiera podido hacer. El estatus de personalidad le otorgará ventaja evidente sobre sus colegas. 

En nuestro curso de educación en tecnología, los profesores participantes realizaron una encuesta a 1291 estudiantes –cuyas edades oscilaban entre los 10 y los 14 años-, sobre publicidad en televisión. Sólo 274 estudiantes identificaron en alguna propaganda a un personaje que fuera científico o inventor colombiano. De este último grupo, 237 nombraron al Dr. Patarroyo; muy lejos le siguió Walter Mercado (¿influencia de la Nueva Era y/o de las llamadas ciencias ocultas?) con 12, el profesor Yarumo con 7, Tadeo clonado con (?) con 6, Albert Einstein (?) con 4 menciones y Gabriel García Márquez con 2. También fueron mencionados Ronaldo, quizá porque en cualquier momento inventa una jugada y mete un gol, y Simón Bolívar, inventor de la Gran Colombia. Como se puede observar, la visibilidad de la ciencia en Colombia la tiene Manuel Elkin Patarroyo. Es interesante anotar que en nuestro medio los científicos que han logrado un estatus de personalidades nacionales o internacionales han sido, por lo general, de formación médica. No provienen de las ciencias básicas cuya identidad sigue en el limbo.  

Realizan procesos de recontextualización y de mediación de significados. Ellos construyen imágenes sobre la vida y el conocimiento, generan sensibilidades y formas de representar que constituyen una red de significaciones compartidas y por compartir con sectores de la población[6]. Actualmente el imaginario colectivo es influido, y en gran medida formado, por los medios de comunicación. 

De esta influencia no se escapa la ciencia ni la tecnología. Vale la pena entonces  que exploremos algunos de los imaginarios construidos y propalados por los medios, en especial la prensa y la televisión. 

La publicidad de televisión

Una rápida exploración de la publicidad de detergentes, toallas higiénicas, cremas dentales y otros artículos de aseo personal y casero ponen de presente imágenes e imaginarios de la ciencia y la tecnología que van construyendo sensibilidades que la desnaturalizan. Estos imaginarios son los mismos encontrados al analizar las ilustraciones anteriormente comentadas: la imagen del nerd, de no cotidianidad, de eficiencia. Absoluta. A continuación comentaré de viva a voz los videos que tenía preparados para la charla. 

He dedicado algún tiempo a observar las propagandas de detergentes y la de toallas higiénicas. En razón de la brevedad me ocuparé solo de las propagandas de este último producto.  

En general las propagandas de toallas higiénicas se estructuran en superar una situación molesta causada por el estado de menstruación. Ese es el nudo que debe desatar la tecnología, verdadera heroína del relato. Esa situación molesta no debe ser evidente: ni manchas delatadoras, ni volúmenes notorios  que sean indicio de de la menstruación. A esto responde la tecnología con un producto súper absorbente y extradelgado. La evidencia no tendrá lugar y el indicio se desvanecerá de tal forma que “una se siente segura” y “solo pasan cosas nuevas” ya que la discreción es total. 

El relato está permeado por dos discursos: uno basado sobre la estética del asco y el otro sobre las maravillas de la tecnología. 

La protagonista siente vergüenza de su estado menstrual, sufre con él. Si es necesario se quitara el saco y lo pondrá alrededor de su cintura, ocultando a miradas indiscretas su molesta situación. En su ayuda vienen la tecnología con un producto de maravillosas propiedades: es prácticamente invisible y en su estado interior se oculta una sustancia desarrollada recientemente, que tiene un sorprendente poder absorbente, capaz de borrar cualquier evidencia de un tinto derramado y de dejar sin agua la bañera de una hermosa chica que realiza su aseo corporal.  

La corroboración de todo lo anterior lo hace supuestamente la ciencia. Ya no se trata del serio hombre de gafas y con bata blanca, un “nerd” adulto, situado en el ámbito de un laboratorio de investigación, que nos hablará de maravillosas propiedades y de su eficacia. ¡No! Se trata de algo más simple, pero más amigable. El ámbito es la vida cotidiana: un tinto derramado, una bañista que se queda sin agua, unas cuidadas manos femeninas que corresponden a la protagonista y que manipulararán los instrumentos científicos con los que realizará el experimento para mostrar las maravillosas propiedades absorbentes. A este tipo de puesta en escena amigable la he denominado el ‘experimento garantizado’. 

Veamos más de cerca la puesta en escena. La toalla reposa sobre una superficie, atrás y muy cerca están 4 probetas: dos llenas con un líquido insinuando que él ya ha sido vertido en la toalla. El fondo es azul. Aparecen las probetas sobre la toalla y estas mismas manos nos enseñarán que ni una pequeña gota ha escapado. Asepsia total. Se comprueba así la eficacia del producto. ¡La ciencia no miente! 

Es la verdad de la ciencia, elevada a verdad absoluta, la que a manera de testimonio (‘el experimento cotidianizado’) nos convencerá sin lugar a dudas que las propiedades maravillosas de la toalla. Los referentes de al ciencia que aparecen en la puesta de la escena están representados en las probetas, otras veces aparecerá una caja de Pietri, y en algo que se asemeja al rito del experimento. En las propagandas de detergentes se utiliza con relativa frecuencia el científico, quien dará un testimonio de la eficacia del producto, sin embargo en las de las toallas higiénicas no aparece el científico, ese ‘nerd’ adulto que puede espantar a nuestras lindas y jóvenes mujeres. Recuerden que el producto es cosa de mujeres, allí no tienen cabida los científicos ¡así sean mujeres! Demasiado serias para el modelo de gente bella utilizado. 

Gente bella y exitosa, sin problemas. Si existe uno, la publicidad se encargará de decirnos que el producto X solucionará la molestia. Ya que usted es una persona de éxito que tiene comodidad y confort tendrá que consumir todo aquello que le permita seguir estando ‘in’. La publicidad trabajara no sólo las necesidades, también los deseos de seguir siendo una persona de éxito o de alcanzar tan ansiada meta. Pero no se descuide ya que día a día aparecen nuevos productos, haciendo los otros obsoletos. Usted es gente ‘in’ que no quiere estar out... 

El discurso muestra a la tecnología como eficaz. Capaz de solucionar cualquier problema, de brindar comodidad. Está dirigido a gente de éxito. El prototipo de físico de mujeres y hombres utilizados en las propagandas no corresponde por lo general con el prototipo físico de nuestras gentes, se acercan más a los prototipos de países del norte. Son personas asépticas; la estética del asco hará a las mujeres de sangre azul o por lo menos de un rosadito papel. La caspa y el mal aliento son graves dramas de la tecnología solucionará para poder seguir siendo gente bella, gente linda, gente ‘in’. 

Por otra parte, la publicidad sintetiza una serie de imaginarios, tanto sobre la ciencia, como sobre la tecnología. Los refuerza y los difunde de tal manera que las valoraciones acerca de ellas, están permeadas por dichos imaginarios. La publicidad nos recuerda que el científico no es como nosotros, es como un ‘nerd’ adulto, que pertenece a otro mundo y que se expresa con palabras que no se entienden. La ciencia por su parte es un universo de precisión, que produce verdades incontrovertibles, su autoridad no tiene duda. La ciencia es seria, árida. No se ven imágenes de la ciencia como gozo, como divertimento, como valores. Se la respeta, pero no se la quiere. 

La tecnología por su parte es eficaz y maravillosa, nos brinda comodidad y nos permite ser personas de éxito. Incita al consumismo. La tecnología no es vista como un sistema cultural, que crea y modifica hábitos, lenguajes y ritmos de vida, que afecta las posibilidades de interrelación, de intersujetividad. Es una forma de concebir el mundo y conforma un mundo simbólico y axiológico en el que se debate las relaciones entre técnica, racionalidad, simbolismo y valores socioculturales[7]. 

Es paradójico, pero creo que la publicidad tiene mayor influencia sobre amplios sectores de la población, que los programas especializados y series de televisión que se han realizado con el fin de acercar hacia el ámbito de la ciencia. Estos programas son vistos por una fracción pequeña de los televidentes (en estados unidos no pasa del 5% de la audiencia). Una de las razones consiste en que las imágenes difundidas a través de publicidad llegan a todos y se reiteran hora a hora, día a día. Refuerzan a los imaginarios construidos en la escuela y viceversa, constituyendo un ciclo de realimentación negativa que estabiliza y refuerza la situación.  

Agradezco la paciencia que han tenido en escucharme y espero que excusen, como se decía antaño, la mala ortografía o valgan la ocasión, lo mal hablado.   


[1] El texto se basa en la ponencia Ciencia y Comunicación que el autor presentó en la Cátedra Manuel Ancízar de la Universidad Nacional de Colombia, llevada a cabo durante el II Semestre de 1998, que versó sobre problemas de comunicación. Se ha mantenido el lenguaje narrativo de la exposición.


[2] Ver en Museolúdica N 1, 1998, el artículo del mismo autor ‘Anotaciones respecto a la investigación de imágenes sobre la ciencia’.

[3] Ibíd., pg. 49.

[4] Ribas, Cristina. ‘Cómo producen los medios la ciencia’. En Revista Quark. Ciencia, Medicina, Comunicación y Cultura. No 9 octubre-diciembre de 1997. Pp 49-59

[5] Nelkin, Dorothy. Selling science, physics Today, noviembre 1990, pgs. 41-46

[6] Rincón, Omar Moviendo el Tedio, los medios también son cultura. En El Espectador, Bogotá, 16 de abril, 1995; p. 5C, c. 1-4.

[7] Informe final curso:’Educación en tecnología’, Grupo de Trabajo Museo de la Ciencia y el Juego, Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 7 de octubre de 1998.