18 | 04 | 2014
La divulgación científica en el nuevo milenio Imprimir E-mail
Revista - 06
Escrito por Alejandro   
Lunes, 03 de Mayo de 2010 14:11

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La divulgación científica en el nuevo milenio[1]  

Manuel Calvo Hernando

Presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico

 La mayor parte de la comunicación humana tiene contenidos nobles, pero la que se refiere al conocimiento científico supera en trascendencia a todos los tipos de información inventados por el hombre. El siglo que se nos va pasará a la historia, entre otros hechos positivos y negativos, por haber iniciado la profesionalización de una actividad que en el pasado era minoritaria y casi podríamos decir que de carácter benéfico: el periodismo científico. El periodista científico desarrolla tres funciones que cabría resumir así:

 

·        Función informativa del divulgador que transmite y hace comprensible el contenido difícil de la ciencia. Al mismo tiempo que estimula la curiosidad del público, su sensibilidad y de su responsabilidad moral. Si los medios de comunicación en general tienen el doble objetivo de difundir hechos e ideas, en la divulgación de la ciencia esta misión puede decirse que alcanza sus fines más altos.

·   Función de intérprete que precisa el significado y el sentido de los descubrimientos básicos y de sus aplicaciones, especialmente aquellas que están incidiendo más radical y profundamente en nuestra vida cotidiana: electrónica, telecomunicaciones, medicina, biología, nuevos materiales, etc.

·  Función de control en nombre del público para tratar de conseguir que las decisiones políticas se tomen teniendo en cuenta los avances científicos y tecnológicos y con la vista puesta en el ser humano y especialmente al servicio de su calidad de vida y de su enriquecimiento cultural. 

 

 

La divulgación de la ciencia se propone fines y objetivos de proyección social, educación, democracia, proyección cultural y científica, desarrollo integral, objetivos relacionados con la comunicación, objetivos éticos y desafíos actuales del periodismo científico.

 

En resumen, podría afirmarse que hoy se perfilan dos objetivos generales de gran alcance en el campo del periodismo científico.

 

1-   Necesidad de promover la ciencia y la tecnología en nuestras sociedades como condición para el incremento generalizado del conocimiento, ya que éste es la única posibilidad de supervivencia de la humanidad, y con base para la innovación industrial y el incremento de la calidad de vida.

2-   Utilización de los medios informáticos para difundir lo que el ciudadano debe saber o recordar sobre los efectos positivos y negativos del progreso científico y el desarrollo tecnológico sobre la cultura, la salud, el medio ambiente y todas las restantes dimensiones de la vida cotidiana de que se ha hablado en este capítulo. Y, por supuesto, de las implicaciones éticas de los conocimientos y de sus aplicaciones.

 

La Declaración Final de la Conferencia Mundial de Periodistas Científicos (Tokio, 1992) es una llamada de atención sobre la trascendencia del periodismo científico para la sociedad. Según la declaración de Tokio, la democratización de la información científica y tecnológica, y la formación de periodistas especializados, sobre todo en los países pobres, son condiciones básicas para que el periodismo científico contribuya a la construcción de un mundo mejor. Como en toda tarea humana, surgen problemas específicos en la divulgación de la ciencia en los medios informativos. En mis libros analizo esta cuestión con detalle. La situación de las sociedades actuales, en lo que se refiere a su interés por su difusión del conocimiento, no deja entrever demasiadas posibilidades para el optimismo.  

 

Podrían hablarse de dos concepciones en este campo:

1-   Necesidad de extender el conocimiento y popularizarlo

2-   Consideración de las dificultades prácticas de diverso orden.

 

Un problema planteado últimamente es el uso de materiales de información científica que están en Internet. Un investigador del periodismo científico, el profesor Lewenstein, catedrático de Periodismo de la Universidad de Cornell, acaba de iniciar un estudio sobre el periodismo científico a través de la pantalla del ordenador.

 

Otra cuestión actual para el periodista científico es la genética, que está ya en los medios de comunicación, pero a veces de modo exagerado y un tanto irresponsable. Los genes han invadido películas, revistas, debates y series de televisión y radio, novelas y espacios de Internet. Podría deducirse de algunas de estas informaciones que se han acabado el libre arbitrario y la responsabilidad moral, que no hay necesidad de ayuda social y que ha concluido el debate sobre la educación, ya que nuestros comportamientos y nuestras capacidades, dicen estos mensajes, están guiados por una constitución innata, un carácter inalterable, una especie de justicia biológica inmutable. Para las profesoras Dorothy Neikin y M. Susan Lindee, autoras del trabajo “Del gen como ícono cultural”, publicado en Mundo Científico, el fatalista “todo genético” que impregna el discurso de los medios de comunicación y la cultura popular de los años 90 ha dado a entender que el comportamiento humano es regido por el ADN. Muchos medios hacen responsables a los genes de toda una variedad de rasgos del carácter (alcoholismo, delincuencia, homosexualidad y agresividad, entre otros). Se afirma que hay genes “buenos” y “malos”. En la cultura popular, el gen es menos una entidad biológica que un ícono cultural, el cual se pone en todas las salsas para apoyar y justificar una cierta idea de la naturaleza humana. Al hablar de nuevas líneas del periodismo actual, en su estudio Periodismo de Servicio, la profesora María Pilar Diezhandino, de la Universidad del País Vasco, señala tendencias y necesidades que por mi parte creo perfectamente aplicables al periodismo científico.

 

Por todo ello, cursos de divulgación científica como el presente son muy adecuados para reflexionar sobre las cuestiones pendientes y convenir las estrategias que nos parezcan más adecuadas para obtener el resultado final de incrementar la cultura científica en nuestras sociedades, en el ejercicio de la más noble y exigente democracia: crear los instrumentos y los sistemas para que la mayoría de nuestras sociedades pueda acceder al conocimiento creado por la minoría. Las sociedades del III milenio van a necesitar un nuevo tipo de comunicador que sea capaz de valorar; analizar, comprender y explicar lo que está pasando y, dentro de lo posible, lo que puede pasar, especialmente en aquellos campos que, hasta donde puede preverse hoy, serán los escenarios decisivos de la transición de la nueva sociedad: la energía, la biología (y especialmente la genética y la biotecnología), los nuevos materiales y la información y al conocimiento, curiosidad universal y deseo de aprender y de enseñar.


 

[1] Palabras que pronunció el autor en el acto de apertura del Curso del mismo nombre a finales de 2000.