16 | 04 | 2014
Imágenes y nuevas tecnologías Imprimir E-mail
Revista - 10
Escrito por Alejandro   
Lunes, 03 de Mayo de 2010 13:53

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Imágenes y nuevas tecnologías

 Por Julio César Goyes Narváez[1]
 

 “La imagen ya no sirve para representa el objeto… sino, más bien para señalarlo, revelarlo, hacerlo existir”.

(Tomar la imagen por el objeto)

Jean Louis Weissberg

 El desarrollo tecnológico es impactante. El ritmo de producción, circulación y consumo de imágenes ha sido muy rápido. Comenzó en los ochenta y se aceleró en los noventa. El postulado básico, si podíamos proponer uno, es “ya no se puede confiar en lo que uno ve” es decir que hay una pérdida de lo real, una suspensión de la realidad parecida a la indagación que llevó a cabo la fenomenología. Con la tendencia actual de oponer la fotografía a la imagen digital, estamos presenciando en realidad la continuación de un debate antiguo entre aquellos que han acentuado la condición privilegiada de la imagen fotográfica como una analogía mecánica fiable de la realidad, y aquellos que se ubican en lo contrario, resaltando el carácter ideológico y creativo de la imagen fotográfica. Las teorías realistas enfatizan en lo óptico y químico como una mecánica de representación análoga, clichés de la realidad, huellas o grabaciones de los objetos o de las imágenes de los objetos. Relación casual garantizada con el mundo físico; se producen automáticamente y son, digamos, pasiva ante la realidad.  

La digitación tecnológica es recodificadora y simuladora de la realidad. Hoy se producen imágenes fotográficas que no tienen un referente específico o casual. Intentan hacer desaparecer cualquier interfaz material entre la visión y la imagen. ¿Poder ilusionista de la imagen posmoderna? La imagen comporta entonces una ambigüedad insalvable: por un lado parece ser objetiva (muy cercana de la ciencia), fruto de una producción tecnológica autónoma, y por la otra es subjetiva (muy cercana del arte), producto de la estética, el placer, la expresión y la interioridad.

 De la era mecánica vamos a la era o cultura electrónica, cibernética, digital o posfotográfica. A la reproducción tecnológica y de los medios y los hipermedios, cuya discusión e interrelaciones se extiende a la hiperrealidad, a los mundos virtuales, al ciberespacio, a la comunicación global interactivas e incluso a las inteligencias artificiales, las redes neuronales, la cultura cibernética y la ansiedad sobre los límites del cuerpo y los de la máquina. Todo lo toca, todo lo transforma y cambia; hasta la ingeniería genética que terminará seguramente desembocando en la era posbiológica.    

 Existen una serie de afirmaciones en el sentido de que la fotográfica ha estado restringida por su inherente automatismo y realismo, por su naturaleza esencialmente pasiva. Que la imaginación de los fotógrafos estaba restringida porque solo podían aspirar a ser meros grabadores de la realidad. Se dice que en el futuro, la habilidad para proceder y manipular imágenes dará o está dando al posfotógrafo un mayor control, mientras que la capacidad de generar imágenes (virtuales) a través de ordenadores, y por tanto, de construir imágenes independientes de sus referentes en el “mundo real” liberará la imaginación.

 Todos estos aspectos que ha construido la civilización con las metodologías y teorías científicas, se representan, imaginan, utilizan, experimentan y resignifican en diversas situaciones y en una variedad de sucesos de la vida diaria.

 El impacto de la imagen digital podemos plantearlo de dos maneras: i) se analizan las amenazas que los consumidores de imágenes perciben. Es decir, como las nuevas tecnologías socavan la tradición de representación visual; pongamos por ejemplo, la fotografía. Vamos de lo analógico a lo digital. ii) en una sociedad global, tenemos que tener en cuenta la economía basada en la imagen, puesto que el campo que abarca es muy grande. Las imágenes en una economía de mercados y de industrias culturales, consiguen producir deseo, fomentar consumo, entretener, educar, dramatizar la vida y la experiencia que se conquista en la vida, documentar los sucesos en el tiempo y en el espacio, propiciar momentos de identidad, informar y desinformar, ofrecer evidencia para el conjunto de pruebas que el sistema judicial y otros sistemas sociales de control requieren.

Definitivamente, el modo de producir, consumir y entender tales imágenes refleja que nos encontramos en un momento histórico de transformación total. Se cree está en juego mucho más que un cambio tecnológico y un modo de crear imágenes. En la historia de occidente ha habido cambios así mismo definitivos: pensemos en los esquemas y símbolos de las imágenes medievales, en la perspectiva, realistas del Renacimiento, en lo que significó ir de lo autográfico a lo fotográfico a principios del S. XIX, en la implementación del ordenador, etc.  

Según Martín Lister, “los cambios de naturaleza en el modo de crear imágenes se consideran (aunque no sin problemas) cambios en el modo de ver el mundo. Y, a su vez, se cree que estos cambios ideológicos están relacionados con los cambios en el modo de conocer el mundo (en algunas versiones, ya no se puede conocer) y con las identidades de los que lo ven y lo conocen. Incluso se llega más allá, se hace referencia a los trastornos actuales en la ordenación económica, científica, política y productiva de las sociedades y comunidades en las que vivimos y adquirimos esas identidades” (Lister, 1997: 17)   

De suerte que la imagen digital resultado de la nueva tecnología, es una “abstracción inexorable de lo visual”, una tecnología que “recoloca la visión” y la rompe desde el punto de vista del observador. Hay una advertencia por si queremos “evitar su mitificación recurriendo a explicaciones tecnológicas”, y es preguntar por razones éticas y sucesos sociales y políticos. Es decir, debemos ser capaces de interrogar nuevamente el pasado, responder el por qué abandonamos lo que abandonamos. Verificar que puede seguir sirviendo de la tradición. Con el hipertexto y la multimedia se puede re-definir la historia de la ciencia, de la literatura y el arte antiguo, de la tradición oral, de los saberes y prácticas culturales populares, etc.  

Fred Ritchin (1990) describe le llegada de lo que él llama “Hiperfografía”. A propósito dice: “puede pensarse en ella como una fotografía que no requiere ni la simultaneidad ni la proximidad del que ve y de lo que es visto, y que considera como su mundo cualquier cosa que exista, existió, existirá o que podría llegar a existir, visible o no; en resumen, cualquier cosa que pueda sentirse o concebirse” (citado por lister, 1997: 57) 

Tal vez si logramos ver en la imagen digital no un objeto tecnológico (esquemas de revolución tecnológica excesivamente abstractos y concebidos con excesiva rapidez), sino en un campo cultural y político, podamos comprender las dialogáis de las tecnologías en estas sociedades y culturas que cada día se complejizan. Una cosa es irremediable, y es que no podemos negarnos al cambio; sin embargo, tenemos que buscar las nuevas dimensiones de ese cambio en el desorden y la complejidad de nuestras vidas. Ser capaces de proyectarnos en medio del caos, la irrealida.. cha tecnológica y generacional.


 

[1]Profesor Investigador del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura –IECO- de la Universidad Nacional de Colombia.

A propósito del libro de Martín Lister (compilador)

La imagen Fotográfica en la cultura digital